domingo, 6 de noviembre de 2011

EL MATERIAL COMO DON


En esta ocasión quiero compartir con ustedes este documento  que se llama: “El material como el don”  el cual es una traducción de una conferencia dada por Patrizia Cocchini en el III Congreso de la Catequesis del Buen Pastor.

“El material como el don”
Conocemos la importancia del material dentro de nuestra catequesis, ahora hablemos del material como un don.

En la Iglesia, en la Liturgia, en nuestra vida religiosa y en la catequesis del Buen Pastor el momento más importante es la Eucaristía, y la Eucaristía es el sacramento del don y así es como lo presentamos a los niños, con el gesto de la epíclesis, con las dos manos del sacerdote hacia abajo para pedir el don de Dios y después con el gesto de la ofrenda, con las manos hacia arriba, nos ofrecemos como respuesta al don.
En la palabra don hay una grandísima riqueza teológica y cultural, porque Cristo al entregarse se da, se sacrifica por nosotros y es el sacramento del don, sacramento de la ofrenda de Cristo.

El don es algo completamente opuesto a lo que se compra, la primera característica es la Gratuidad: un don es gratuito e inesperado.
En la liturgia hebrea de la Pascua hay un himno que se llama “dayeno” que significa “nos hubiera bastado”, el hebreo hace un listado de los dones que Dios le ha dado y a cada uno responde: “nos hubiera bastado”.  Es como si viéramos qué grande es todo lo que Dios nos ha dado y diéramos gracias y las gracias es la primera respuesta al don.
Esta es una respuesta libre pues el don deja la libertad de aceptarlo o no.  Puedes rechazarlo y esto implica que no deseas tener una relación con la persona que te lo ofrece.  Por lo tanto, otra característica del don es que lleva una finalidad, crear una relación, que con palabras bíblicas sería crear una alianza, y una alianza es algo muy importante en el antiguo y nuevo testamento, así, lo que se compra, recuerda su precio, mientras que el don, recuerda a quién te lo dio y el valor de la persona que te lo dio.

Sí aceptas el don, la primera respuesta es dar las gracias y puede haber otras respuestas posteriores de agradecimiento: la alegría, el asombro, el gozo, que no son como intercambio al don recibido, sino que nuestras respuestas son al mismo tiempo, dones.

Es como la parábola del fariseo que da las gracias por lo que Dios le ha dado y después hace una lista de todo lo que el fariseo hace y la pone  como intercambio de lo que ha recibido y es como si el fariseo dijera “estamos en paz, no te debo nada” y la relación se cierra.

En la Misa podemos ver  la Ofrenda con la dinámica de dar:  Dios es el primero que da, aceptamos el don y a la vez, lo ofrecemos como el regalo y, todos los dones que podemos dar, son porque los hemos recibido, por esto decimos que el don crea alianza y es la alianza.

En esta dinámica del don como se ve el material, ha sido inventado y construido por Sofía Cavalletti y Gianna Gobbi con la finalidad de permitir y facilitar al niño una relación íntima con Dios y también tiene otra finalidad: el material es Encarnación, porque vuelve visible aquello que es trascendente.
Para lograr estar al servicio y construir la alianza debe tener ciertas características, debe ser realizado de manera simple, pobre, sin adornos superfluos, sin riquezas, pues debe permitir transparentarse otra cosa, la importante, la trascendente.
En el documento de las características de la catequista, en el punto 18 se dice que el material debe ser atractivo pero sobrio, estrechamente ligado al texto que se quiere presentar, debe ser simple, esencial y pobre, pues así hace resaltar la riqueza del contenido y puede mostrar el mensaje al niño.

La característica de la pobreza no es sólo para el material, sino para la catequista, para sus palabras que deben ser limitadas, poquitas, adherentes al texto.

El material se usa como un trabajo, como algo muy serio que no es un juego y así lo decimos: el niño trabaja con el material. 
Le llamamos trabajo porque sirve para construir una relación para el niño y para nosotros también pues “construyes” un ser que está en alianza.

De la sencillez y esencialidad del material, se logra que el niño esté en una relación íntima, directa con quien habla en la Biblia y con quien actúa en la liturgia y lo lleva al momento tan importante en la catequesis que es la ORACIÓN.

El material da al niño la posibilidad de relacionarse con el anuncio, con el mensaje de un modo autónomo, no necesita que la catequista trabaje junto con él, el material lo pone directamente en contacto con el mensaje, de encontrar la Palabra de Dios a través de su ser, con sus manos, su cuerpo y su globalidad.

El material da la posibilidad al niño de repetir el trabajo; quizás para un maestro de escuela no le sea tan importante, pero en la catequesis si, el niño puede trabajar las veces que él quiera con el material, según su necesidad.  La repetición es tan importante como lo es para los científicos, quienes repiten muchas veces sus experimentos y sus estudios y así descubren lo que buscan, así a través de la repetición, el niño logra descubrir algo.

En el atrio no se limita la repetición pues se comprende la importancia de esto, el niño utilizando el material, comprende que no hay prisa, el material siempre está a su disposición, cada vez que quiere puede tomarlo y usarlo todo el tiempo que tenga la necesidad de hacerlo pues el niño trabaja por su propia necesidad, no por la necesidad de la catequista ni para recibir su aprobación.

A diferencia del maestro de escuela, el catequista no da juicios sobre su trabajo, no pone los dibujos del niño en la pared, pues sus trabajos son para él, para su crecimiento y para su meditación.  Así, el material, es como el don, gratuito y el niño encuentra placer por el trabajo y alegría de trabajar, no por la aprobación de la catequista, ni por la recompensa, ni por una calificación.

El niño puede tener un momento difícil en su vida, y el manejo del material le puede servir para captar y entender algo.  El material mismo puede  donar la calma de encontrarlo siempre en el mismo lugar, de poder elegirlo sin que nadie le diga, de comenzar un trabajo sin ser forzado a terminarlo pues la próxima vez lo encontrará en el mismo lugar y puede retomarlo.
Los niños en el atrio encuentran otro don, pueden trabajar solos, que es importante hoy en día, pues en la sociedad, la soledad es vista como frustración, pero si no hay soledad, sin poder estar un poco solo, con la puerta cerrada, no hay meditación y no puede haber coloquio don Dios.  

Este material que le permite trabajar solo lo ayuda a interiorizar lo esencial, y lo esencial es una necesidad de su vida interior.  El niño es una persona seria a quien hay que darle cosas grandes no superfluas.

Al pensar lo que hace el material por el niño, podemos pensar lo que el material hace por el catequista, por ejemplo, cuando el catequista construye el material, es un momento de meditación, de unión entre la mano y la mente.  Un artesano puede construirlo mejor que nosotros pero perdemos un tesoro, pues ese momento de meditación, de coloquio con Dios a puerta cerrada, se pierde.

El material nos da el don de que como catequistas, nos coloca en un lugar justo, no como maestro, sino de estar sentado como un niño, a su disposición, sin intervenir continuamente con ellos.  Si decimos todo lo que hacemos podemos concluir que somos casi inútiles, no decidimos el material, no intervenimos en el trabajo del niño, no lo interrogamos, respetamos sus tiempos.  Así, el don que el material le da al catequista cuando observa al niño que trabaja, mientras que al niño le dona el coloquio con Dios, dona al catequista la posibilidad de ver que este material viene enriquecido por el trabajo con el niño en otro modo religioso y que nosotros aprendemos de él y vemos un trabajo que quizás no hubiéramos descubierto.

Observando al niño creemos verdaderamente lo que Jesús ha dicho en el Evangelio de Mateo capítulo 18, cuando los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron ¿quién es el más grande en el reino de los cielos?. Y llamando Jesús a un niño, lo puso en el centro de ellos y les dijo “En verdad les digo, si no se convierten y no se vuelven como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos”.  Estas palabras de Jesús son muy importantes, ciertamente nos interesa entrar al Reino y esto de ser como niños es tener ese “potencial religioso”, y esto está en el gozo y enriquecimiento teológico que viene de trabajar con el material y que nos puede enriquecer.

Podemos llegar a pensar a veces que el niño se cansa en el atrio, en el trabajo con el material, en la oración, en una celebración y aprendemos que no se cansa, aprendemos que la esencialidad del material va a responder a la necesidad del niño y nos da la posibilidad de eliminar las sobre estructuras de la vida religiosa que tenemos los adultos, aprendemos que la relación con Dios no es una relación solamente intelectual sino que es global.

Termina con las palabras de Sofía Cavalletti:

“Todos conocemos la emoción estética y también religiosa que se experimenta ante una puesta del sol, en las primeras luces del alba, en el infinito del mar o en cualquier otra belleza de la naturaleza; los padres de la Iglesia dicen que esos espectáculos nos comprometen con una actitud interior que lleva a Alabar a Dios.
Pero el espectáculo que el Atrio nos puede ofrecer es más grande que cualquier espectáculo de la naturaleza; en él, lo que podemos ver, no es la planta que se vuelve espontáneamente hacia el sol, sino la criatura humana en su dirigirse de manera totalmente espontanea y natural hacia Dios, de su gozar de la luz y del calor de su presencia, podemos asistir a la maravilla de dos personas que se atraen con naturalidad.
Si la contemplación es mirar, ¿Qué mira la catequista del Buen Pastor en el atrio?  En el espejo, la catequista mira como Dios toma a sus criaturas, ve la seducción que Dios ejerce sobre ellas y como ellas se dejan tomar gozando”.